Cuando Elisabeth Montero (EMS) y Gabriela (Aquaira) me invitaron a realizar un fin de semana de talleres en Vila-Seca no sabía con quien me encontraría, pero lo que si tenía claro es que tenía que ir. Tenía que encontrarme con estas dos hermanas emprendedoras, amorosas y hermosas. Nos habíamos visto en internet, habían participado en mis talleres y constelaciones en línea durante el confinamiento y ya era hora de vernos.  La energía estaba allí, esperando para vernos, el campo amoroso estaba preparado para recibirme en Vila-Seca.

Quedaba por resolver la convocatoria, quienes podían y querían venir a los talleres, sé que Eli y Gabriela estaban preocupadas por el número de personas que asistirían a los talleres, sobre todo porque en estos momentos de miedo e incertidumbre, las personas tienen miedo de asistir a talleres donde haya más de 10 personas o donde creen que no hay medidas seguras y, es lógico, debemos respetar el miedo de cada persona.

Hemos ido activando todo poco a poco, con número reducido de participantes y eso nos ayuda a ofrecer seguridad. Siempre he confiado en que todo pasa como tiene que pasar y vienen quienes tienen que venir y esta no fue la excepción.

Me encontré con un grupo reducido de participantes, pero con muchas ganas de trabajar, con mujeres sinceras, abiertas, honestas que se ponían en mis manos.

No fue fácil que soltaran la racionalidad y que se dejaran sentir, pero al final, lo consiguieron. Fuimos una en todas. Nos sentimos como si siempre hubiésemos estado juntas. Todas al servicio del trabajo amoroso que se hizo para cada constelación.

El tiempo desapareció y solo se sentía el amor y la compasión que no saben de tiempo. Así sanamos, los constelados, las representantes y la consteladora, porque cuando hacemos un trabajo tan espiritual y humano, sanamos todos.

Nos liberamos, bailamos y cantamos y nos fuimos agotadas pero tranquilas.

Al día siguiente en el duelo… dolor, ¡claro que había dolor! porque he de decir que el dolor existe y forma parte de la vida. Aun no entiendo a quien se le ocurrió que siempre teníamos que estar siempre felices y que no mostráramos el dolor, es un tema cultural que tiene muchas aristas y que en algún momento desarrollaré.

Por ahora quiero hablar de lo vivido en el taller que estaba diseñado para 4 sesiones de 3 horas cada sesión y que rediseñé para mi visita a Tarragona. Siempre ocurre que llevo un plan, pero éste cambia con lo que las personas me dan en el momento, porque sus necesidades se convierten en la prioridad… aliviar el dolor, acompañar y mirar ese dolor, fue lo más importante.

Nos vimos y unimos la energía sanadora y nos miramos con mucha compasión. Lloramos, hablamos y reímos, porque nunca se está totalmente triste. Solo me resta dar las gracias a mi Dios y a las personas que él me envía que son las que tienen que estar, las que necesitaban estar conmigo.

Volveré para quien quiera seguir un trabajo y quien quisiera trabajar online puede encontrar información aquí http://maryoriruiz.es/para-ti/. Os abrazo.

Maryori