Es verdad que, detrás de ese miedo que tienes a no ser aceptada, a que te critiquen, a no ser suficiente; hay un mandato, una creencia que te dieron en algún momento de tu vida.

Esa frase que se te repite, con una voz de mandato, que escuchas justo cuando vas a tomar una decisión. Y que no sabes porqué, te paraliza. Seguramente la escuchaste alguna vez y se te quedaron allí grabadas…

Esas frases, llegan cuando menos las quieres. Las escuchaste la primera vez, de alguien que te importaba, pudo ser mamá, papá, una hermana, la maestra. Cualquiera que haya tenido la suficiente valía para tí, que te importará, pudo haberte marcado. Porque tu querías que te quisiera, que te miraran, que te aprobaran.

Las palabras siguen en tu cabeza como si te hubiesen instalado un programa que sigues al pie de la letra. ¿Qué te dices a tí misma?

Yo me digo: no me lo merezco, no me lo creo, no soy suficiente. Nunca tendré dinero suficiente. Soy torpe, no soy inteligente. Nadie me mira porque no soy bella.

También me cuento una historia; si lo hago a mi manera y me equivoco ya no me querrán. Si le digo lo que pienso se irá. Mejor me callo para que se quede, si hago lo que quiere me aceptará y no me dejará…

Todas estas afirmaciones actúan como creencias inamovibles y cuesta mucho sacarlas de tu cabeza y de tu piloto automático. Es importante trabajar esas creencias y darte cuenta que, cuando llegan a tu cabeza, actúan en tu contra.

Te recomiendo que estés atenta y que cuando esos pensamientos lleguen para sabotearte, puedes hacer el siguiente ejercicio.

Ejercicio

Cuando lleguen esos pensamientos, no te quedes allí en tí, atormentándote. Levántate y mira a tu alrededor, observa todo con detalle; Mira los colores que tienen las cosas a tu alrededor. Imagina los sabores que podrían tener. Toca algunos de los objetos que ves, mira sus formas, siéntelos en tus manos.

Ahora camina. Respira, respira, siente tu respiración y sigue mirando a tu alrededor. Puedes oler las cosas… lentamente… tócalas comos si fuera la primera vez. Ahora mirate a ti, mira tus manos, observalas. Ellas le dan un sentido a tu día a día, son hermosas, te dejan percibir el mundo desde otro lugar. Cierra los ojos y toca tus manos, las palmas, el dorso, cada dedo, puedes sentir la textura, puedes olerlas, saborearlas, tocar con ellas tu cuerpo.

Quiero que pienses todas las veces que has acariciado con tus manos, que han tocado texturas distintas. Tambien quiero que recuerdes cuando has sentido que te has pinchado, cortado o quemado y te han protegido para que no hagas un daño mayor..

Toca tus manos con amor. Sigue ahora caminando . Ahora detente y escucha lo que te dice esa voz, ahora prueba a repetir en voz alta lo que te está llegando…

Prueba a decirlo en otro tono. Dilo como si fueras un niño de 8 años. Prueba ahora a ponerle una voz gruesa. Sigue repitiendo lo que te dice pero ahora con esa nueva voz. Esa nueva voz, si le dieras una forma, ¿que sería?

Con esa forma que acabas y esa voz de que imaginas, repite lo que te dices.

¿Dime de qué sientes de qué te has dado cuenta?

Si sientes que algo ha cambiado en ti… abre tus brazos y tu pecho respira profundo y expira… y te dices a ti misma: Yo merezco todo lo bueno que me pasa… aprecio mi vida, mi cuerpo, mis acciones…

Todas mis acciones están impregnadas de amor y éxito. Me valoro y me creo el respeto y el amor que los demás tienen hacia mí, porque yo me respeto y me quiero.

Este es un primer ejercicio con el que puedes comenzar a trabajar. Debes tener claro que aunque te sientas bien haciéndolo, es un trabajo que debes realizar y que lleva su tiempo fijarlo. Sabes que han sido muchos años diciéndote, criticándote, desaprobándote… debes trabajar para que estos patrones cambien.

Maryori Ruiz